LA BASÍLICA DEL PILAR

SIGLO XVIII. LA SANTA CAPILLA. UN TEMPLO DENTRO DEL TEMPLO

En 1750 el Rey encargó a Ventura Rodríguez el proyecto de la Santa Capilla. Se diseño un templete abierto, transparente y dentro del barroco clasicista. La obra se concluyó y se inauguró con toda solemnidad en las Fiestas del Pilar de 1765.

Antes de comenzar las obras de la Capilla, Antonio González Velázquez pintó su cúpula. En dichas pinturas se representa la Venida de la Virgen y la construcción de la Santa Capilla por los ángeles. En su obra se aprecian características típicas de la pintura rococó: pincelada suelta, colores pastel, luminosidad y figuras llenas de gracia.

Basílica del Pilar: La Santa Capilla. Imagen de la guía de turismo y cultura de Zaragoza de Moobit La decoración escultórica: El escultor zaragozano José Ramírez fue el responsable de los altares principales pero con él colaboraron otros escultores como Carlos Salas. Además podemos ver, en los muros de la capilla, 12 medallones de mármol de Carrara que narran la vida de la Virgen y, bajo ellos, 16 puertas de nogal con símbolos de las letanías, figuras de santos, etc.

La posición de la columna y los altares. La imposibilidad de mover la columna hacía que la reliquia quedase descentrada pero Ventura logró darle su protagonismo principal mediante la división del muro del fondo en tres altares. De hecho la representación combinada de los tres altares parece mostrar el momento de la Venida de la Virgen como si se estuviera desarrollando ante los ojos de los fieles que la están contemplando. Así, a la izquierda del fiel se muestra a Santiago y los convertidos de Zaragoza contemplando la escena central, donde la Virgen mira a Santiago y, a la vez, señala con el dedo a la columna que está a la derecha, en el camarín.

El grupo de los Convertidos. El grupo de los Siete Convertidos a la fe cristiana por la predicación de Santiago, junto al propio Apóstol Santiago, que según la tradición sus nombres son: Indalecio, Eufrasio, Tesifonte, Torcuato, Hesiquio, Cecilio y Segundo, contemplan extasiados la Venida de María en carne mortal a Zaragoza.

La Venida de la Virgen. En el centro se encuentra el grupo escultórico que representa la Venida de la Virgen. Labrado en mármol blanco de Carranza sobre resplandores de bronce dorado, el conjunto está colocado de tal manera que parece avanzar aéreamente hacia el espectador, como irrumpiendo entre las columnas de la estructura. Así, se puede apreciar que el grupo queda en un plano de altura y profundidad completamente distinto al de los dos altares laterales, confiriendo así una dinámica típicamente barroca. Además la Virgen que, rodeada de ángeles y resplandores, viene hacia nosotros flotando en el espacio, vuelve su rostro hacia el grupo lateral de Santiago y sus discípulos, mientras que su brazo se vuelve hacia la dirección opuesta y con su mano señala la Imagen y el Pilar.

El camarín. Es el espacio más sagrado de todo el templo. Todo él enmarca el Pilar y la imagen de la Virgen. Su fondo es de mármol verde con 72 estrellas elaboradas con piedras preciosas (tal vez para representar que la venida de la Virgen tuvo lugar de noche). Este mármol procede de la isla griega de Tinos y debido a dificultad de colocar el mármol, dada la escasa distancia que hay entre la pared y la Santa Columna y la curvatura que debía tener para adaptarse a la hornacina, el mármol tuvo que ser cortado en finas piezas que fueron reforzadas con fibra de vidrio y poliéster pudiéndose así conseguir un espesor inverosímil que permitió montarlas en el Camarín. A los lados dos angelotes de plata con candeleros en los brazos, que fueron donados por Felipe II. Por las escalerillas, colocadas delante del camarín, los infantes del Pilar suben diariamente a los niños que se acercan o son llevados por sus padres para ser "pasados por la Virgen”

Basílica del Pilar: Imagen de la Virgen con manto. Imagen de la guía de turismo y cultura de Zaragoza de Moobit La imagen de la Virgen. En el camarín podemos ver la imagen de la Virgen sobre la columna. La imagen de la Virgen es una obra gótica, de 36 centímetros de altura, tallada en madera en la primera mitad del siglo XV. Esta imagen se atribuye al escultor Juan de la Huerta (nacido en Daroca). Esta imagen fue restaurada en 1990 y pudo comprobarse que había estado completamente policromada del siguiente modo: la ropa, el calzado, el cabello y la corona estaban dorados y la cara y las manos estaban pintadas de color carne. Su aspecto oscuro es debido al humo de las velas que tuvo que soportar durante siglos.

La corona. Sobre la imagen de la Virgen podemos apreciar su corona. La Virgen siempre luce espectaculares coronas de oro, plata y piedras preciosas. Una corona merece mención especial, nos referimos a la corona realizada en 1905 con motivo de la coronación canónica y que fue realizada con joyas realizadas por fieles de toda España que acudieron a Zaragoza, en una gran peregrinación nacional organizada como respuesta al Jubileo Mariano, promovido por el Papa S.S. Pío X, para conmemorar el 50º aniversario de la proclamación dogmática de la Inmaculada Concepción de María (la corona fue previamente trasportada a Roma y bendecida en la Capilla Sixtina por Su Santidad el 29 de abril para posteriormente realizarse la solemne ceremonia de la Coronación Canónica el 20 de mayo de 1905). En la actualidad son diez las coronas que dispone la Basílica para poder ornamentar la imagen de la Virgen del Pilar. La más reciente es la ofrecida por las Damas de la Corte de Honor de Ntra. Sra. del Pilar, el 21 de noviembre de 2002, con motivo del centenario de su fundación que fue costeada por las aportaciones voluntarias de sus asociadas y realizada por la Casa Ansorena de Madrid.

Los mantos. A los pies de la imagen de la Virgen podemos ver el manto que cubre el Pilar. La tradición de poner el manto ya viene de la Edad Media cuando se utilizaba para cubrir toda la imagen pues solo quedaban visibles la cabeza de la Virgen y del Niño (el resto quedaba tapado por el manto como si se tratara de una pequeña mantita cuya función fuera proteger del frío a la Virgen y al Niño). Tal vez fue Ventura Rodríguez quien sugirió bajar el manto hasta la cintura para que pudiera contemplarse la imagen de la Virgen y del Niño, en cualquier caso, en el S. XX se decidió que la imagen quedase descubierta. En la actualidad la Virgen tiene más de 450 mantos y los fieles continúan donando más (es conocido que ya en el Siglo XV había un inventario de 72 mantos). El manto más conocido de la virgen es el manto de flores que todos los 12 de octubre sus fieles presentan en la Ofrenda de Flores a la Virgen del Pilar.

Basílica del Pilar: Imagen de la Virgen sin manto. Imagen de la guía de turismo y cultura de Zaragoza de Moobit La Virgen sin manto. El Pilar puede contemplarse sin manto los días 2, 12 y 20 de cada mes (salvo el 20 de mayo y el 12 de octubre que sí lleva manto). Con ello se conmemora la Venida de la Virgen (el 2 de enero del año 40 según la tradición), el día del Pilar (12 de octubre) y el día de la coronación canónica (20 de mayo de 1905).

Las cintas (“la medida de la Virgen”). La existencia de las cintas se remonta, al menos, al S. XVII. Según datos existentes en las Actas del Cabildo, en 1677, los mantos ya tenían la misión de acompañar a los enfermos más graves de la ciudad, se trataba de mantos sencillos, que después de haber vestido a la Imagen, pasaban a cubrir este servicio; es decir a acompañar a los enfermos para que, desde una perspectiva religiosa, pudieran sentirse acompañados por María “salud de los enfermos” durante todo el proceso de su enfermedad. Dado el insuficiente número de mantos para este servicio, y para atender las solicitudes de los enfermos residentes fuera de la capital, hace unos trescientos años, se creó la “Medida de la Virgen”; es decir, una cinta con la misma extensión que la altura de la imagen. Estas cintas son bendecidas y “pasadas” por la Virgen y vienen a sustituir al manto. Si desea adquirirlas puede aprovechar su visita al Pilar y adquirirlas en la Sacristía de la Virgen.

La columna y el humilladero. Como habrá podido observar el visitante la columna no es visible al contemplar el camarín; sin embargo, sí que puede ver y besar un pequeño trozo de la columna en el humilladero (tal y como se ha comentado anteriormente en la parte de atrás de la capilla). Teniendo en cuenta la medición de la columna que se hizo en el año 1756 se ha llegado a la conclusión que se ha erosionado siete centímetros por los besos y caricias de los fieles de todo el mundo que por allí han pasado durante los últimos 250 años. Parece ser que esta columna de jaspe, forrada de bronce y plata, es una pieza romana aunque podría ser de época posterior está. Mide 170 centímetros de altura y tiene un diámetro de 24 centímetros y, según las indicaciones expresas dadas, supuestamente por la Virgen, nunca se ha movido del sitio en el que la contemplamos.

La cripta. Bajo su planta se encuentra una cripta en la que se encuentran los restos de personajes ilustres en la historia de Zaragoza y del Pilar, y que se abre a los fieles el día de Todos los Santos y el día de los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre, respectivamente).

Otras capillas. Además de la Santa Capilla en el Pilar hay otras 15 capillas, las dependencias dedicadas a las sacristías a la sala capitular y al Museo Pilarista. Todas guardan importantes obras de arte que si dispone de un poco de tiempo merecen la pena ser visitadas. En la Capilla de San Juan Bautista hay un bonito retablo, dedicado a dicho santo, tallado en madera con una manera que anticipa el rococó así como dos cuadros que merece la pena contemplar (Predicación del Bautista en el Jordán y una Visitación) además del Santo Cristo del Pilar (de estilo barroco andaluz del siglo XVII). En la Sacristía de la Virgen, a la que se accede por una puerta de nogal entre mármoles y jaspe, podemos contemplar esculturas de José Ramírez de Arellano, murales de Joaquín Inza en el techo y parte superior de las paredes así como cuatro puertas con relieves alegóricos a la virgen. En la Capilla de San Antonio de Padua, una de las más hermosas, podemos ver un precioso altar de mármoles negros y jaspes tostados y en los frescos de la cúpula se puede ver a San Antonio llevado al cielo por los ángeles. La Capilla de San Agustín, conocida como Parroquia del Pilar que ejerce de parroquia cotidiana para el culto no extraordinario.

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